El ocuparse o no de ellos tiene un significado en esta sociedad.
Digo: eventualmente uno puede estar hecho una mugre, o quizás el trabajo mismo lo obligue a uno a eso. Pero cuando hay que ir al cumpleaños de la Tía Tilde o al Bar Mitzbah de Aarón, uno trata de emprolijarse. Entonces se lava la peluca, se la emprolija y trata de llevar las uñas cortas y sin mugre. Lo básico. Pero para muchos hombres de este mundo, parece que el único pelo que crece es el de la cabeza y lo único que hay que cortar de manera doméstica son las uñas. Y no señor. No es así. Porque hay en nuestra anatomía más vellosidad. Y como tal, también necesita ser emprolijada, sobre todo por provocar cierto rechazo, cierta incomodidad… me refiero la vellosidad que sobresale de las fosas nasales, a la famosa pelambre de la napia.
LDM.